Soledad 2.0

En este momento de mi vida, rodeada de gente que me quiere, siento que camino sola por un camino de tierra encharcada por la lluvia, lleno de hojas caídas y bordeado por altos árboles de troncos robustos.

Camino despacio, poniendo atención a cada paso que doy. Intento no detenerme en ningún momento y nunca, nunca, girarme para mirar atrás. Me recuerdo constantemente que debo mirar al frente, que en cualquier momento puede suceder algo emocionante y, de hecho, cada día suceden cosas dignas de admirar. Pero he notado que, desde que cogí sola este curioso camino, piso con cuidado, como intentando no hacer ruido. Es realmente absurdo, pues ¿a quién evito molestar?

Es curioso lo mucho que nos cuesta acostumbrarnos a estar con nosotros mismos, con lo fantástico que es. Escuchar música, escribir y leer. O simplemente tumbarnos en la cama, relajar el cuerpo y la mente, y dejar que los pensamientos nos guíen, floten y fluyan a su libre albedrío. Dejar que las emociones se manifiesten por sí solas, sin condicionamientos ni contenciones.

Pero lo más difícil es dejar de esperar. Dejar de esperar que pase algo, que llame alguien, que suceda un milagro que haga que esa sensación de carencia que se ha instalado al otro lado de la cama, sin ser invitada, desaparezca y no vuelva a acosarnos nunca más. Dejar de sentir que nuestra plenitud depende de alguien más, que lo bueno está por llegar y que éste solo es el camino hacia la felicidad. Éste es nuestro momento: pleno o no, feliz o no. Sintámoslo. No estamos yendo hacia ningún lugar, estamos aquí y aquí es donde debemos estar. Aprendamos de esta sensación de vacío que tanto nos asusta.

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Hoy he sentido un arranque de euforia y me he puesto a saltar en uno de los charcos. De pronto me he sentido agradecida, porque había  olvidado lo mucho que amo la lluvia, porque el aire huele a tierra mojada y no me había percatado de la bonita combinación de colores que forman las hojas a mi alrededor. Los árboles ya no me agobian, me hacen sentir protegida, y el camino ha pasado de ser demasiado largo a estar lleno de posibilidades.

La vida son etapas, al fin y al cabo. Estar solo puede ser un drama cuya pena nos oprima el pecho y dificulte la corriente de aire en nuestros pulmones, o una oportunidad para conocer mejor a esa persona que vive en nuestro interior, que grita desde dentro y tiene tanto que decir. Hagámoslo: escuchémosla. Disfrutemos de esta etapa que, seguro, tiene mucho que enseñarnos. Saboreemos cada momento, cada sensación, pues todo lo que nos neguemos a escuchar ahora, por puro miedo, se perderá en el olvido, desperdiciado.

Conviértete en tu mejor amigo y estar solo perderá toda connotación negativa, pues sólo así podemos elegir con acierto: escogiendo desde la voluntad, nunca desde la necesidad.

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Iris del Olmo.

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