Fieles a nosotros mismos.

A menudo nos engañamos, ignoramos esa voz interna que nos habla, que nos guía.

A todos nos ha pasado alguna vez. Todos hemos sabido que algo no iba bien, que debíamos tomar decisiones, y no lo hemos hecho. Todos hemos sabido en algún momento que podríamos ser más felices, que existe un camino que nos gusta más que el nuestro.

Hablo de ese momento en que te preguntas qué es lo que más deseas en el mundo, ese instante en que envidias una vida ajena o una experiencia que no te pertenece. Y sabes que sólo tú puedes cambiar tu realidad, redireccionarla. Pero a menudo ese cambio requiere sacrificios. Requiere decirle adiós a alguien, alejarte de los tuyos, renunciar a tu estabilidad y, sobretodo, arriesgarte. Arriesgarte a perder todo lo que tienes, eso que te mantiene estable. Salir de tu zona de confort.

Hay muchos motivos por los que deberíamos escuchar con atención esa voz y encontrar la fortaleza para hacer lo que de verdad deseamos. Uno podría ser evitar futuros arrepentimientos y frustraciones, intentar que no haya nada por lo que nos tengamos que lamentar en el futuro. Otro podría ser por superarnos como personas, plantarle cara a los miedos. Pero el verdadero motivo por el que es imprescindible dejarnos guiar por nuestra intuición, es la fidelidad; Fidelidad a nosotros mismos. La vida da muchas vueltas y es sabido que todo puede cambiar, que estamos en un cambio constante, de hecho. Eso implica que las cosas vienen y van, y las personas que nos rodean, también. Una vez más, es con nosotros mismos con quien conviviremos siempre, por eso es de vital importancia respetarnos en todo momento. Respetar nuestras decisiones y nuestros deseos. Luchar contra nuestras frustraciones. Encarar nuestros miedos. Si no nos somos fieles a nosotros mismos, si nos engañamos y desafiamos, entramos en un círculo de malestar y desagrado constante que nos impide sentirnos bien, alegres, eufóricos. Nos decepcionamos. En lo más profundo de nuestro ser, nos construimos una auto-imagen súper negativa que nos hace sentir cobardes y pequeños, creando una brecha por la que se nos escapa la fuerza y la voluntad.

Cuando todos se van, cuando sientes que no queda nadie, que la fiesta ha terminado y te toca fregar sola los vasos sucios, es cuando te encuentras cara a cara con tu yo más auténtico. Lo necesitas como aliado, como compañero de vida. Construye una buena relación con él, dale motivos para sentir admiración hacia tu persona, hacia ti mismo. Enamórate de él. Dale la mano y no volverás a sentirte nunca solo. Pero sobretodo, sobretodo, no dejes de serle fiel. Cree en ti por encima de todas las cosas, encuentra el valor para respetar tus deseos, para perseguirlos. Ese valor está en ti, sólo tienes que buscarlo. No vivas tu vida a través de los demás, no te resignes. Puedes hacer todo lo que te propongas, puedes llegar hasta donde decidas hacerlo. Sólo nosotros nos limitamos, nadie más puede hacerlo si anteponemos nuestra fidelidad. Siéntete orgulloso de ti mismo.

Es cuando salimos de nuestra zona de confort cuando las emociones se intensifican, los colores ganan brillo y sentimos que estamos vivos, que somos imparables.

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Iris del Olmo.

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