Los 4 clichés femeninos que más nos perjudican, a manos de las propias mujeres.

El papel de las mujeres en nuestra sociedad es uno de los que más ha evolucionado con el tiempo. La mayoría afirma con rotundidad que el machismo ha desaparecido y que hoy en día las mujeres disponemos de un trato totalmente igualitario. Se especula, incluso, acerca del efecto inverso que ha provocado todo este cambio, de la sobreprotección que éstas reciben ahora. Podría debatir mucho a favor y en contra de esta última declaración, pero no es acerca de eso sobre lo que me apetece reflexionar hoy.

Existen un millón y medio de clichés vinculados a las mujeres y el correcto trato hacia éstas que, pese a estar creados con buenas intenciones, perjudican indirectamente a la construcción de nuestra identidad:

  • El chico fuerte y grande que protege a la delicada y susceptible chica de los peligros de este mundo cruel.

Oh, ¡vamos! Conozco a un buen puñado de chicas con mucho más carácter y valor que sus novios. Chicas capaces de defender sus valores y sus ideales sin que ningún hombre tenga que alzar la voz en nombre de ellas. Estamos en pleno siglo veintiuno, donde las mujeres estudian tanto o más que los hombres, ganan maratones a diario y son cabezas de familia. Otorgarle al hombre la postura de protector nos resta fuerza a nosotras, nos debilita. No somos princesas de cristal que se sienten perdidas sin su príncipe armado y restan a la espera de ser rescatadas de las zarpas del dragón. Hoy las princesas tenemos al dragón muerto, el tejado arreglado y los muebles del Ikea montados para cuando llega el príncipe.

Pero somos nosotras las primeras en fomentar este rol. Nos gusta sentirnos protegidas y arropadas y tendemos a confundir un gesto de superioridad con un acto romántico. Please, be careful. 

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  • Cuenta, cuenta ¿te pagó la cena? ¡Por supuesto!

¿Cómo que por supuesto? A ver, chicas, ¿queremos, o no queremos la igualdad? De verdad que es algo que nunca he entendido. Está claro que todo el mundo puede invitar a alguien a cenar, al cine o a lo que le de la real gana simplemente porque le apetece marcarse el detalle. Lo que no alcanzo a comprender es porque damos por hecho que ese gesto le pertenece al chico. ¿Por que tenemos que enzarzarnos en una pelea si queremos pagar nosotras? ¿Por que os resulta ofensivo a los hombres, o incluso humillante, que sugiramos pagar a medias? Conozco casos en los que la chica no se molesta ni en sacar dinero a la hora de asistir a una cita.

No nos damos cuenta pero este tipo de gestos no solo fomentan el rol machista que nos viene de tiempos muy viejos y estropeados, sino que además degradan la imagen de la mujer autosuficiente por la que tanto han luchado y siguen luchando algunas mujeres. No podemos alzar la voz contra algunos actos machistas a manos de los hombres mientras nosotras mismas nos arraigamos a aquellos que sí nos interesan.

  • Que venga él a hablarme.

Cobarde. ¿Te gusta un chico? Ve a por él. ¿No estás segura de gustarle? Arriésgate.

Desde antaño le ha pertenecido al hombre, porque sí, porque así debe ser, la responsabilidad de la primera toma de contacto y el cortejo. Si hablamos con sinceridad, no queda bien que una chica vaya a por un chico. Sigue siendo inusual, aunque menos, que sea la chica la que se le acerque al chico en la discoteca y alague sus ojos, lo bien que le queda la camisa, lo interesante que le parece. No, las chicas somos diosas inaccesibles que aguardan en un rincón de la pista contoneando su cuerpo, desplegando sus plumas para captar la atención del sector masculino. Como mucho, y sólo en caso de flechazo absoluto, la hembra le clava la mirada al macho para que éste capte la señal y acuda a su llamada. Nos gusta, nos encanta, nos hace sentir sexys y deseadas. Y, si al final resulta salir mal, siempre podemos decir que no teníamos interés real, que fue él quien nos vino detrás.

Pero ellos también necesitan sentirse sexys y deseamos, Ellos también merecen el alago y la sensación de triunfo. No pido una inversión de roles, el extremo opuesto. Pero si eres tú quien quiere hablar con él, hazlo, que llevar falda no te frene. Eres una mujer fuerte y autosuficiente y demostrártelo con pequeños gestos te hará sentir bien contigo misma.

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  • ¿Te has acostado con muchos? ¡NO! ¿Por quién me has tomado?

¿Con cuantos hombres puede acostarse una mujer sin que deje de ser una mujer respetable? ¿Con que frecuencia puede variar de hombre sin convertirse en una vulgar sin ningún tipo de interés?

El sexo y sus prejuicios nos persiguen con el arco cargado. Si eres hombre puedes fardar de cifra, e incluso exagerarla un poco, que nunca está de más. Si eres mujer mejor que quites un poquito de aquí y otro poco de allí, y ya de paso obvia a aquellos que no te interesa recordar. Pero ¡cuidado! aún así es mejor que no hables de ello delante de la gente, o la flecha saldrá disparada hacia tu trasero para recordarte lo indecente que eres.

Lo peor de todo es que la mayoría de veces escucho este tipo de críticas a manos de las propias mujeres. ¿Cual es el problema? No intento incitar a todas las chicas a tener sexo sin ataduras con todo el que pase, ni a crear una lista por orden alfabético coleccionando nombres y razas. Pero si eres una mujer soltera y te apetece relacionarte y disfrutar del sexo y sus variedades, hazlo. Hazlo y, por favor, disfrútalo. Hazlo desde el respeto y sin perder los valores más importantes. Hazlo siempre de manera honesta y sin manipulaciones retorcidas. Y, sobretodo, hazlo con aquellos que estén tan solteros como tú. Hazlo y, después, no intentes justificarte por ello.

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Todas queremos ser mujeres fuertes e independientes. Queremos que nos vean capaces de conseguir nuestras metas. Mujeres valientes, capaces de viajar solas alrededor del mundo, con trabajos respetables y bien remunerados, cuyo sueldo nos conceda la posibilidad de vivir de él sin tener que depender de nadie. Queremos cumplir el perfil de mujer moderna, pero cuando tenemos la oportunidad de llevarlo a cabo, nos autolimitamos con prejuicios absurdos, con ideas malinterpretadas acerca de la “conducta correcta” y con miedos que no son nuestros, además, sino que nos vienen dados de fuera.

Abramos un poco la mente y, ya que estamos, el corazón. Si invirtiéramos toda la energía que gastamos en despotricar sobre los demás en alagar las cosas bonitas y respetarnos mútuamente, el bienestar común aumentaría drásticamente. Y si es común, nos interesa a todos.

Ama y ensancha el alma.

Iris del Olmo.

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One comment

  1. C.A. V.N. · abril 28, 2017

    👏👏👏

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