Si tiene que ser, será.

Hay veces en que no podemos escoger, se escapa de nuestro dominio.

Hay veces en que sí podemos, y escoger nos duele, nos desgarra. Porque escoger una opción significa renunciar a otra. Porque a veces un hola conlleva un adiós.

Sabemos lo que queremos, pero a menudo olvidamos lo que no queremos.

A veces queremos y no podemos, necesitamos y no encontramos.

Otras veces caminamos distraídos, sumergidos, sin esperar nada, sin buscar a nadie. Y entonces un cruce de miradas, un roce brumoso, un simple destello nos atrapa, nos arrastra.

Pero no es el momento, y lo sabemos.

Sin embargo, perdemos el control. De verdad que lo perdemos, porque lo intentamos. Intentamos controlar lo que está por llegar, lo que vemos venir. Porque lo vemos. Pero una niebla turbia nos ciega, nos desorienta y nos convence para tirar la toalla, aceptar la derrota. Y nos rendimos porque nunca tuvimos opción de ganar, de dominar. Nos dejamos llevar porque así debe ser.

Y entonces la vida es generosa, y los momentos, mágicos. La intensidad nos abruma, su impacto nos sorprende. El tiempo vuela, la euforia crece. Nada importa mucho porque todo importa demasiado.

Fluimos.

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Y entonces llega lo que queríamos evitar. Y ya no podemos recordar en qué momento perdimos el control, nosotros que todo lo controlamos.

Y toca volver a escoger. Un hola a cambio de un adiós. Escojo lo mío porque lo tuyo, es tuyo, sencillamente. Por mucho que me guste, por mucho que me llene.

Y entonces cae la luz y todo lo bonito sigue siendo bonito. Y lo que no lo era, pasa a serlo también. Y queremos retenerlo todo, nos aterra el olvido. El nuestro, el suyo. Y nos abruman las dudas, y le tememos al capricho. Y la música duele, y al silencio le falta sal.

Nos encogemos, nos abrazamos. Y no es suficiente.

Pero el tiempo pasa. Sí, os lo juro, pasa. Y todo lo cura, y pierde importancia. Y el hola nos distrae del adiós. Y la bruma vuelve, y el control desiste, de nuevo abatido.

Y cuando parece que todo se ha acabado, que de verdad terminó… un cruce de miradas, un roce brumoso, un simple destello. Y ya no hay prisa, y no hay cuidado. Ahora sí.

Nunca es tarde para el destino, todo está escrito. No le temas a la vida, porque no por eso suavizará. Sencillamente, si tiene que ser, será.

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Iris del Olmo.

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