Despertar en otro continente

Hoy he abierto los ojos y me he sentido desorientada. Por un momento, tan sólo una fracción de segundo, no alcanzaba a entender dónde estaba. Después la realidad me ha sacudido con un cócktail molotov de emociones. La primera, automática, una punzada de añoranza al pensar en los míos. La segunda, abrumadora, una descarga de eufória al recordar dónde estoy y todo lo que me rodea. La tercera, como siempre, la traviesa esperanza que me promete la luna en suaves susurros que sólo yo escucho. Mi fiel compañera.

La verdad es que la cuarta ha sido el estrés al darme cuenta de que me había dormido y que ya no llegaba a tiempo a prepararle el almuerzo a uno de mis chicos… Pero esperemos que esa no se vuelva a repetir.

El sábado tuve el enorme placer de conocer uno de los pueblos con más encanto que he visitado jamás: Pleasanton. La comparación que os voy a hacer os va a parecer un tanto pobre, pero es real: cuando bajé del coche tuve la sensación de pasear por la sección del Far West de PortAventura. Las casitas, todas de madera, cuentan con una gran separación entre ellas, las estructuras son bajitas y para entrar a cualquier comercio debes subir un coqueto conjunto de escalones frontales. Los niños pedalean a toda prisa, y los adultos pasean con parsimonia al tiempo que sujetan enormes basos de plástico rellenos de café y té helado. 





Soy consciente de lo estúpida que debía ser mi estampa, al menos los primeros treinta minutos, mientras caminaba distraida con todo detalle, con cualquier sonido. Tenía la absurda sensación de que en cualquier momento se iban a abrir bruscamente las puertas de madera de una de las tavernas y dos vaqueros se iban a batir en un duelo a vida o muerte frente a mí.

Obviamente eso nunca pasó, pero no por ello fue poco emocionante.

Después asistí a una carrera en la que participaba el mediano de mis tres chicos y en la que logró su tiempo récord, mientras el viento me traía sin tregua ráfagas de delicioso y grasiento olor a perrito caliente.



Volví a casa totalmente sumergida en mis pensamientos, haciendo una lista mental de todas las cosas que quiero vivir, de todos los sitios que no puedo dejarme por visitar.

Bendita California.

Iris del Olmo.

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