Desaprender lo malaprendido

Recuerdo.

Aquellos tiempos en los que creía saberlo todo, cuando el convencimiento sobre mis ideas me conducía inevitablemente hacia la neciedad. Neciedad disfrazada de humildad.

Esos años en los que el trasfondo más traidor de mi entendimiento creía que mi visión de la vida era la única posible y real.  

  
Recuerdo bien.

Cuando creía que los días eran los que yo había vivido, y un poco más de lo mismo. Cuando entendía que la inmensidad de la amistad residía en mis propias amistades. Cuando el amor era aquel al que yo llamaba amor, y nada más. Cuando una relación sólo podía ser de una manera para ser una buena relación. Cuando no había margen de error. Cuando yo era perfecta y los demás no me entendían. Cuando quería tantas cosas que no necesitaba.

Recuerdo, no hace mucho.

Lo que parece una eternidad atrás, cuando el mundo era pequeño porque las miras estrechaban. Cuando asumí por error ideas que ahora me cuesta soltar…

  
Recuerdo cuando malaprendí tantas cosas.

Y aunque el mundo despliega hoy sus plumas ante mí cual pavo real, para mostrarme su belleza y su color, debo recordarme en cada momento que no sé nada, que todo puede ser. Que no es mentira ni irreal… pues puedo palparlo. Calambres de satisfacción cada vez que entiendo, como por primera vez, que puedo ser quien quiera ser, que todo lo que quiera aceptar como real, sencillamente lo será. 

El aire de California me enfría los pies mientras su mismo sol me tuesta las mejillas al tiempo que intento plasmar en palabras cuan complejo es olvidar una idea que tu mente se niega a abandonar. Pura nostalgia, supongo.

Hoy huele bien. Las flores regalan perfume, se sienten generosas. El cesped se enreda con el aire, juguetón.

  
Y desde aquí mismo entiendo cosas que puede que algún día trate de desentender. Y que nunca deje de ser así, que el sentir nos tienda siempre la mano, que la reflexión nos abrume, que nos arrastren hasta la luz de la razón. 

Sentirme pequeña para llenarme de grandeza.


I remember.

Those times in which I believed I knew all there was to be known, in which my own conviction in the ideas I held drove me endlessly on the path of ignorance. Ignorance under the guise of humility.

Those years in which the most treacherous undertone of my understanding caused me to believe that my perspective of life was the only one that could possibly be real.

I remember it well.

When I believed that only the days that I had lived existed, and a little more of the same. When I believed that the immensity of friendship lied only in my own friendships. When love was that which I called love, and nothing more. When a relationship needed to fit into a certain mold to be a good relationship. When there was no margin of error. When I was flawless and nobody else understood me. When I lusted after so many things I did not truly need.

I remember, not long ago.

That which seems to have been an eternity ago, when my narrow vision caused the world to seem so small. When I unintentionally adopted ideas which have caused me great difficulty to let go off.

  

I remember, when I mislearned so much.

And although the world just now displays her feather to me like those of a peacock, to show me her beauty and her color, I must always remind myself that I know nothing, that anything is possible. That it is not unreal or a lie… That I can feel it. Jolts of satisfaction each time I understand, as if for the first time, that I can be who I would like to be, that everything I would like to accept as being real, will simply be just that.

California’s breeze cools my feet while its sun warms my cheeks at a moment when I attempt to translate into words the complexity of letting go of an idea that your mind refuses to abandon. Pure nostalgia, I suppose.

The world carries a pleasant scent today. The flowers reward perfume, they are feeling generous. The lawn playfully mixes in with the air.

  

And from this position I understand things that someday I might no longer understand. And hopefully it will always be that way, that our feeling will always hold our hands, that our reflection will overwhelm us, that they will drag us toward the light of reason.

Feeling small in order to fill myself with greatness.

Iris del Olmo.

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