Te quiero pero no te necesito

Si inclino la cabeza levemente, solo un poco, si dejo que mi cuello ceda ante el recuedo y les permito a mis ojos echar un rápido vistazo, en ese extraño pero a veces inesperado caso, me quedo asombrada. ¡Cuán dependiente era! A los nueve años era incapaz de irme de colonias sin pasarme los tres días previos llorando por lo lejos que iba a estar. A los dieciseis, no podía dormir en casa de mi pareja sin despedirme de mi madre con un beso y un te quiero. A los veinte aún lloriqueaba cuando viajaba una semana con amigas porque echaba de menos a mi pareja. Y, claro, a los veintidós exploté como una globo inflado durante demasiado tiempo y con carente precaución, y me mudé sola a la otra punta del mundo. 

Pero nada pasa nunca porque sí, y si remonto los hechos no me parece tan extraño… Una madre fuerte y luchadora, con sus dos pequeños comidos a besos bajo sus delgadines brazos, un hermano mayor lleno de amor y sobreprotección, una familia infinita unida como pocas lo están, unas amigas como hermanas, un novio prematuro y de larga duración, un pueblo pequeño… Mi mundo era enorme dentro de un punto diminuto. 

  
Siempre me vi a mí misma como una de esas personas que van por pares, de esas cuyo nombre no puedes pronunciar sin ir seguido de otro más. Dos amigas en el instituto, una pareja en la universidad… 

Me sentía atrapada en una flojeza inventada que me limitaba a lo que creía que podía llegar a ser, y me impedía ver lo que soy en realidad. Me rendí. Asumí que hay personas que sencillamente necesitan a los demás y llegué realmente a aceptar ese hecho como algo bonito. Busqué la belleza en mi realidad porque me sentía incapaz de cambiarla. Lo que es positivo, dentro de lo que cabe. Pero me consumía, me irritaba y a veces incluso me deprimía. 

Así que un día me sumergí en mis adentros y busqué mis cinco segundos de valor… Y así comprendí algo que me ha quedado grabado a fuego en la mente: no necesitamos a nadie para sobrevivir, y sobrevivir es todo lo que necesitamos. Ninguna noche es demasiado oscura para pasarla sola, ninguna cama demasiado grande para mi pequeño cuerpo. No me va a matar la distancia y la ausencia de los mios puede ser un motivo para llorar o una razón para darme impulso.

 
Es bonito amar tu realidad cuando es la pasión la que te mueve, y no la resignación.

No solo lo hice, además me salió bien.

Iris del Olmo

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I love you but i don’t need you

If I gently bow my head, just a little, if I allow my neck to give in to the memories and let my eyes take a quick look, in that strange yet sometimes unexpected situation, I am left in awe. I was so dependent! When I was nine years old I was incapable of going on school trips without spending the previous three days crying because of how far away I was going to be. At sixteen, I couldn’t sleep at my boyfriend’s house without first saying goodbye to my mother with a kiss and an “I love you”. At twenty I still sobbed on week-long trips with my friends because I missed my boyfriend. And, of course, at twenty-two I exploded like a ball that had been inflated for too much time and without needed precaution and moved by myself to the other side of the world.

But everything happens for a reason, and if I look back on what did happen it doesn’t seem so strange… A strong mother, kissing her two children while holding them with her skinny arms, a big brother filled with love and a propensity to overprotect, a family infinitely united like so few are, girl friends that were akin to sisters, a long-term yet premature boyfriend, a small town… My world was enormous inside of a tiny bubble. 

  
I always saw myself as one of those people that is always with another person, those people whose names can not be pronounced without being followed by the name of the other. Two friends in high school, a couple in college. 

I felt trapped in a self-invented weakness which limited me to only the things which I believed could one day come around, and prevented me from seeing what I really am. I gave up. I assumed that there are people that simply need others and I accepted this fact as something beautiful. I searched for the beauty in my own reality because I felt incapable of changing it. Positivity, but only within my own bubble. But it slowly consumed me, it irritated me, and at times it depressed me. 
So one day I looked within myself and searched for my five seconds of valor… And in that way I understood something which is now embedded in my mind: we don’t need to depend on anybody to survive, and survival is all that we need. There is no night dark enough to prevent the sunrise, there is no bed too big for my small body. Distance will not kill me, and the absence of the people I love could be a reason to cry or a reason to take action. 

 

It is incredible to love your reality when it is passion that moves you, not resignation.

Not only did I do it, but it turned out well.

Iris del Olmo

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