Heartbroken

Siempre había considerado el concepto corazón roto un melodrama exagerado. El corazón es el motor de nuestro ser, decir que alguien te lo ha roto es admitir que tú solo te rendiste ante la vida en el momento en que le concediste ese poder a otra persona.

A lo largo de los últimos tres meses, he navegado en las profundidades de mi lado más oscuro. Y digo navegado porque suena más digno que describir cómo una corriente despiadada me ha arrastrado, zarandeado y literalmente ahogado entre ataques de nostalgia y latigazos de ansiedad. He llorado hasta dejar de sentir mis párpados. Llorado de pena y de rabia. Me he cuestionado a mí misma y a mis propias decisiones y hasta he dudado de mi suerte. Me he sentido lo suficiente desesperada como para encerrarme en un lavabo y repetirle a mi reflejo “Estás bien. Pasará.” Pero en todos y cada uno de esos momentos, me he observado con atención. He escuchado a mi niña interior mientras esta sentía pena de sí misma y he entendido algo. En ninguno de esos cientos de momentos en los que la añoranza me ha desgarrado desde dentro, he echado de menos los momentos que vivimos juntos. Porque esos momentos, he comprendido, ya son nuestros. Jamás los perderemos. No hay tiempo ni distancia que pueda borrar lo que un día fuimos. No se puede perder lo que ya se ha ganado. Lo que me ha ido abriendo cortes desde dentro, como una cuchilla arrastrada por un pequeño huracán desatado en el interior de mis entrañas, han sido todos y cada uno de esos momentos que nos quedaron por vivir. Esa vida que con desgarradora meticulosidad construimos, refugiados entre sábanas que olían a ti dentro de mí, donde negociamos el nombre de esos preciosos hijos que con tanta firmeza llegamos a creer que un día tendríamos. Estoy, entonces, dejando que algo que no es real ni nunca lo ha sido, me arrebate la única realidad infinita que ha existido y jamás existirá: este momento. Me pierdo mi presente para lamentarme por una fantasía que construí en un momento en el que tampoco disfrutaba de mi momento entonces actual.

Tal vez se nos rompa el corazón, después de todo. Tal vez todos seamos un poco melodramáticos. Pero quizá es el momento de pararnos a observar qué nos produce ese dolor tan intenso, en lugar de intentar vencerlo sin más. A lo mejor ha llegado el momento de comprender que las relaciones jamás terminan, solo se transforman.

Y quizá, solo quizá, si soltamos ese terror tan grande a perder lo que un día quisimos que fuera, podremos ser con total plenitud lo que somos hoy.

Vale la pena intentarlo.

 

Iris del Olmo.

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I had always considered the concept heartbroken an exaggerated melodrama. Our heart is the engine of our being, saying that someone has broken it is to admit that you only gave up before life by conceding that power to someone else.  

Over the past three months, I have sailed in the depths of my darker side. And I say sailed because it sounds more dignified than describing how a ruthless current has dragged, tossed and literally drowned me with nostalgia and anxiety. I have cried until I could not feel my eyelids. Cried of sadness and rage. I’ve questioned myself and my own decisions and I have even doubted my luck. I have felt desperate enough to lock myself in a bathroom and tell my reflection “You’re fine. This will pass.” But on every single one of those moments, I’ve paid attention to myself. I’ve listened to my inner child while she was feeling sorry for herself and there is something I’ve understood. On any of those hundreds of moments in which nostalgia has broken me from the inside, I’ve missed the moments we lived together. Because those moments, I have realized, are already ours. We will never lose them. There is no time or distance that can erase what we were at a time. You can’t lose what you already won. What has been ripping me from the inside, like a sharp blade dragged by a hurricane inside of me, are all those moments that we didn’t get to live. That life that we built with heartrending meticulousness, hidden under sheets that smelled like you inside of me, where we negotiated the name of those kids one day we strongly believed we would have together. I am, then, letting something that is not real and has never been, snatch from me the only infinite reality that will ever exist: this moment. I lose my present to lament about a fantasy that I built in a moment when I was also stealing that moment from myself.  

 You may have a broken heart, after all. Maybe we’re all a little melodramatic, after all.  

But perhaps it is time to stop and observe what’s making us hurt so bad, instead of desperately trying to stop it. Perhaps it is about time to understand that relationships never end, they just transform.  

And maybe, and just maybe, if we let go of that terrifying fear of losing what one day we wanted it to be, we might be able to be with fulfillment what we are today.   

It is worth to try. 

 

Iris del Olmo.

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2 comments

  1. Martha isela Chavez Garcia · marzo 3

    Maja. No se que estas pasando. Pero me gusto y mitra mucho de ti y de la gran persona que eres y de fuerza que pides a Díos para salir adelante.
    Te quiero y sea el dolor que sea eres una guerrera.
    Agarra las maletas y viaja que es la mejor cura…
    Saludos desde México…
    Bebé y yo te amamos.

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  2. JeffScape · marzo 7

    😊

    Le gusta a 1 persona

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